En una conferencia en la Universidad de Columbia, la presidenta Michelle Bachelet presentó una América Latina en la que no hay un solo modelo de desarrollo dominante - ni tampoco un eje anti-Estados Unidos. Para completar esa idea: en una ocasión anterior ella ya había diagnosticado retrocesos de la integración en la región.
Efectivamente, no existe acá nada que se parezca a un discurso hegemónico. Tal vez nunca lo hubo y el asunto sea tan viejo como para ir a ver la historia en los tiempos de los virreinatos de la Casa de Austria o de las reformas borbonas. En todo caso, incluso ahora - después de décadas de dictadores inescrupulosos que sólo se integraban para reprimir - esta América Latina del siglo XXI de gobiernos democráticos difiere frecuentemente en más asuntos que en aquellos que la unen, lo que explica a veces la intensa agenda de conversaciones, acuerdos, conversaciones, abrazos públicos y desacuerdos públicos.
Las izquierdas y los gobiernos actuales que se definen como tales tienen además una idea bien especial de lo que entienden por integración. ¿Cuanto de ideológico y cuanto de visión por un desarrollo humano en la región contienen las actuales alianzas?
Por otro lado: ¿Basta el incremento del intercambio comercial para dimensionar la integración? Luego de un año marcado por la asuntos de energía ¿Cuanto se ha avanzado en esa integración?
¿O es el neoliberalismo como lo definiera hace años el sociólogo Pierre Bourdieu un arma de conquista de una globalización que - en este caso - debilita la integración en una región que objetivamente no sólo comparte grandes problemas comunes sino que, por décadas, los entretiene sin resolverlos bien frente a un mundo que avanza velozmente. ¿Y que de avanzar en una mayor integración tendría más chances de progresar?
En todo caso, de momento, esa diversidad latinoamericana es de difícil integración. Hasta donde es posible ver tampoco la perspectiva del Bicentenario introduce cambios en eso. La impresión es que en esta Asamblea General de la ONU, los gobiernos latinoamericanos han dejado claro que la integración es una meta secundaria.
Si sólo tuviéramos aquella capacidad de los antiguos chamanes de extraer de las piedras algo del poder de la naturaleza para el bien de su gente - podríamos intentar hacer lo mismo de estas ocasiones.
